miércoles, 24 de junio de 2009

Derechos Humanos LGBT

Los derechos de las personas LGBT y de nuestras familias forman parte del conjunto de los Derechos Humanos. Y aunque algunos preferirían creer que no, un pequeño paseo por la Declaración de 1948 nos recuerda que así es:

Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Artículo 2
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 12
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 16
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 25
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.


Que los Derechos Humanos se incumplan en todo el mundo no quiere decir que debamos resignarnos y dejar de exigir que se respeten también para las personas LGBT. Es más: en el caso de que nuestros derechos no estuvieran recogidos en esta Declaración, su inclusión habría de ser un nuevo frente en nuestra lucha, y la modificación de un texto discriminatorio nuestra meta.

Humana como los demás,
y encantada.

lunes, 15 de junio de 2009

In Ágatha we trust

Domingo. 14:35 horas. Llego puntualísima a la cita semanal en casa de mis padres.

Sale a recibirme una señora ataviada con un vestido de Ágatha Ruiz de la Prada. Zapatillas de estar en casa a juego: colores verdes, amarillos y rosas. Fosforitos.

─ ¡Esta es mi madre ─exclamo para mis adentros─ y no ese ser que me repudia!

A los diez minutos me doy cuenta de que “mi madre” y “ese ser que me repudia” han ser, forzosamente, la misma persona.

A los veinte minutos recuerdo que Ágatha Ruiz de la Prada está casada con un señor muy malo.

A la media hora me resigno: mi madre es moderna, sí, para lo que le interesa.

Y si nuestra relación está destinada a fosforecer algún día la mitad que su vestido, ese día aún está a bastantes domingos de camino.

Encantada (no obstante) de aspirar a conseguirlo.

viernes, 5 de junio de 2009

El yoni

Desde la Prehistoria hasta la actualidad, son numerosas las culturas que han venerado los genitales femeninos como representación del principio (divino y humano) de la vida y la muerte. En sánscrito, lengua tradicional de la India, a esta representación sagrada se la denomina yoni.

Paisaje vulvar.
Estas formaciones naturales eran consideradas lugares de culto.

Ya en el Paleolítico era común en diferentes partes del mundo (desde Europa hasta la India) la representación de vulvas esculpidas en piedra o arcilla. La forma de estas esculturas oscilaba desde la aproximación más o menos realista hasta la claramente simbólica: ejemplo de esto último son los triángulos invertidos o los círculos que presentaban un ojo o una semilla en su centro. El tamaño también podía ser variado: las más grandes eran las esculpidas en el terreno, pero también se han encontrado pequeñas vulvas a modo de colgante o amuleto.

Vulva esculpida en piedra durante el Paleolítico superior en Francia.

Colgante moderno en forma de yoni triangular.

Algunos especialistas consideran, incluso, que ciertos símbolos de las primeras formas de escritura derivaron precisamente de las representaciones simbólicas de las vulvas, a través de una esquematización de sus rasgos:



En su función generadora de vida, la vulva se identificaba con la Tierra. Así, algunas culturas identificaban directamente en el paisaje y sus elementos formas como las anteriormente descritas, considerándolas lugares sagrados. En ocasiones, las teñían con tintes rojizos al comienzo de las estaciones de desarrollo de la naturaleza, como la primavera o los monzones. Estos tintes representaban, evidentemente, la menstruación, a la cual se le otorgaba el poder de crear vida, venerándose y honrándose como causa de la existencia de los seres humanos y también de la vida natural.

Hendidura en un árbol identificada como yoni.

A medio camino entre el significado de vida y el de muerte, la vulva también era considerada una posibilidad para el renacimiento. Así, en numerosas tradiciones se creía que los muertos atravesaban el yoni para volver al útero divino, donde se preparaban de cara a un nuevo renacer. Algunas de las costumbres asociadas a esta cosmovisión consisten en atravesar formaciones rocosas, cuevas y dólmenes como imitación del renacimiento tras una peregrinación. En el mismo sentido, algunas tribus americanas dibujaban una diosa en el frente de sus casas, haciendo coincidir su yoni con la puerta de entrada.


Típica casa tlingit, en cuya fachada se representa a la Madre Osa.

Pero la vulva también podía representar el ansia hambrienta y destructora de la muerte, una gran boca dentada que conducía a las tinieblas todo aquello que caía en su poder. Sociedades como los navajos y los apaches cuentan entre sus relatos tradicionales con numerosos ejemplos de vulvas autónomas que caminan y muerden, como Vagina Llena, que copulaba con los cactus. Estos seres eran combatidos y derrotados por importantes héroes masculinos, que acaban con su ferocidad al romperles simbólicamente los dientes. Este tipo de relatos evidencian el cambio que se produjo en estas sociedades de orígenes matriarcales y que fueron adoptando el sistema patriarcal. El derrocamiento de la vulva representa el cambio en el poder, pero también evidencia el miedo de estas sociedades a los principios de vida y muerte que rigen la existencia de los seres humanos y de la naturaleza que los rodea.


Vasija ritual con forma de yoni.
Solía contener aceites para realizar libaciones.

En muchas de nuestras tradiciones, la vulva se considera una parte del cuerpo que debe permanecer escondida, sucia e impura, que incluso ha de ser mutilada. Ya va siendo hora de que recuperemos su belleza, su valía, su importancia, y que reivindiquemos el yoni como elemento sagrado precursor de la dignidad y el valor de la mujer.

¡Encantada!

lunes, 1 de junio de 2009

¡Blogueando por nuestras familias!

Desde que conocí la iniciativa, tenía muchas ganas de participar en el Día para bloguear por/para/sobre/de las familias LGBT que se promociona desde Mombian y que tantos blogs amigos secundan; y como este año pude enterarme a tiempo gracias a Las Dos Mamis, aquí va una entrada para celebrar la existencia de todas las familias diversas, y en especial, ¡las nuestras!

Mi novia y yo planeamos desembarcar en la gran aventura de ser mamás dentro de unos dos años (aunque nunca se sabe). Pero antes de iniciar tamaña gesta, tenemos una lista no escrita (¡hasta hoy!) de cosas que hacer para allanarnos el camino, a nosotras y a los que vengan.

Y la lista dice así:

1. Comprarnos una casa. La verdad es que nunca terminamos de estar de acuerdo en si es verdaderamente necesario hacerlo, ni en cómo, ni en cuándo. Nuestro principal quebradero de cabeza es, evidentemente, la hipoteca. Firmar un papel que te sentencia económicamente para los próximos 30 (en el mejor de los casos) años no resulta plato de buen gusto, e implica una serie de decisiones trascendentales que a dos repensadoras profesionales como nosotras nos parece imposible asumir. ¿Campo o ciudad? ¿Clase media o proyecto alternativo? ¿Urbanización o plaza? ¿Barrio nuevo o barrio viejo? ¿Y los vecinos? ¿Y los colegios? ¿Y…? Todo ello a sabiendas de que nuestra decisión está limitada por lo que realmente nos podamos permitir, y lo que hayamos logrado ahorrar, que nunca parece suficiente.

2. Casarnos. Este punto tampoco nos convence demasiado. Por un lado, no terminamos de compartir visiones sobre la manera en que queremos hacerlo: ¿ceremonia o mera firma? ¿invitados? ¿vestidos? ¿anillos? Por otro lado, la opción matrimonio resulta fundamental si queremos tener hijos a través de algún método de reproducción asistida; pero, ¿y si queremos adoptar? ¿No nos restará oportunidades? ¿O es mejor casarse de todas formas y reivindicar nuestros derechos, sin hacerle el juego a las políticas homófobas (inter)nacionales?

3. Ser visibles. Sobre todo, en el trabajo y en la familia extensa, dos ámbitos que hemos empezado a explorar recientemente. La verdad es que las dos tenemos bastante claro que nuestra propia autoaceptación es una condición sine qua non para ser mamás. No queremos que nuestros hijos paguen por nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestra homofobia interiorizada. Y por supuesto, nos negamos totalmente a mantener en secreto la existencia de nuestra familia. La integración empieza por nosotras mismas, y este es un trabajo que sólo nosotras podemos hacer. Ahora bien, ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde está ese punto de no retorno en el que salgamos del armario escopetadas y no volvamos a entrar nunca más? Aunque pensando en nuestros hijos nos llenamos de fuerza y esperanza, somos conscientes de que todavía nos queda mucho por andar.

Supongo que en el fondo esta lista no es más que un intento por tenerlo todo atado y bien atado antes de atrevernos con la maternidad. Sin embargo, ¿acaso no es siempre este un salto en el vacío, sobre una piscina quién sabe si llena o vacía, hacia un futuro insospechable, netamente por escribir? Así nos parece muchas veces, y por eso nuestro camino se siembra de dudas, de reflexiones acerca de lo realmente importante, de lo verdaderamente imprescindible, de lo absolutamente necesario. Y quizá porque ya lo tenemos en nuestras vidas es por lo que nos atrevemos a imaginar el futuro de nuestra familia: una familia llena de AMOR.

¡Encantadas!