miércoles, 24 de agosto de 2011

Calisto

En mi empeño por mirar con otros ojos la mitología clásica, sigo buscando referentes lésbicos en una tradición que, curiosamente, abunda en relatos de amor entre hombres. Así, después de visitar el Museo del Prado hace unos días, recordé la historia de Calisto, una joven cazadora al servicio de la diosa Diana. 

Diana y Calisto por Jacopo Amigoni.

Entre todas las muchachas que formaban su cortejo, Calisto era la preferida de la diosa. Su extremada belleza, sin embargo, atrajo también la atención de Júpiter, el cual, con la apariencia de Diana, se acercó a Calisto cuando, tras una cacería, disfrutaba de su soledad en el bosque. A Calisto le agradaron los besos y los abrazos de la diosa; para cuando quiso darse cuenta de su error, ya era demasiado tarde: fue violada por Júpiter y, com prueba de la pérdida de su virginidad, se quedó embarazada.

Diana y Calisto por François Boucher.

El embarazo de Calisto fue descubierto por la diosa varios meses después, en el momento del baño. Al haber perdido su virginidad, Calisto fue expulsada del séquito de Diana. Posteriormente, es convertida en osa; para salvarla de ser cazada, Júpiter la catasteriza como la Osa Mayor. El hijo de ambos, Arcas, llegó a ser un gran rey y dio nombre a la región griega de la Arcadia.

Diana y Calisto por François Boucher.

En las obras de arte inspiradas en este mito, suele representarse a dos mujeres en actitud inequívocamente amorosa, como puede observarse en las pinturas que ilustran esta entrada. Sin embargo, los títulos de las obras hacen referencia, en su mayoría, a que la diosa Diana es en realidad el dios Júpiter, tal y como relata el mito. No obstante, creo que los artistas que eligieron este relato para sus obras no pretendían mostrar otra conquista más del dios, sino utilizar la mitología clásica como excusa para inmortalizar una escena de amor entre mujeres.

Diana y Calisto por Jean-Honoré Fragonard.

Por otro lado, es significativo que, en el mito, Júpiter eligiera precisamente la apariencia de la diosa Diana para no despertar las sospechas de Calisto. En algunas versiones, incluso, cuando el embarazo de Calisto es descubierto, esta acusa a la Diana por ello y le recrimina que se haga la sorprendida. De estos detalles podemos inferir que, aunque no hayan quedado relatos explícitos, seguramente circularon algunos en los que las diosas "vírgenes" como Diana o Atenea tenían relaciones amorosas con las mujeres que formaban su séquito.

Diana y Calisto por Gerrit van Honthorst.

Estos relatos, ninguneados por una tradición misógina (que no homófoba), pueden ser reclamados hoy como propios por las mujeres lesbianas.

Encantada.

jueves, 18 de agosto de 2011

Manifestación laica en Madrid


Ayer estuvimos en la manifestación laica de Madrid. Fue una manifestación concurrida y repleta de espíritu ciudadano. Lo que más me gustó fue sentirme unida a tantas personas con las que compartía emociones e ideas. Mucha gente (nosotras incluidas) había fabricado sus propias pancartas, con frases o ilustraciones que expresaban su opinión. Esto es algo que no había visto hasta ahora de manera tan general, y creo que es importante porque demuestra un cambio positivo a la hora de ejercer nuestros derechos como ciudadanas y ciudadanos.

La manifestación tardó muchísimo en salir de la plaza de Tirso de Molina. Lo cierto es que el recorrido era demasiado corto y estrecho para todas las personas que estábamos allí, pero no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que las calles principales de la ciudad estaban cortadas y reservadas para los actos de la JMJ. Después de mucho esperar, conseguimos ir avanzando, primero despacio y después con fluidez. Durante el recorrido, coreamos muchas proclamas, pero he de decir que las que más entusiasmo despertaban eran las relacionadas con el 15-M. Tras cruzar la plaza de Jacinto Benavente, la marcha volvió a reducir su velocidad, pero aun así, conseguimos llegar a la Puerta de Sol.

En Sol había mucha gente, pero afortunadamente quedaba espacio para los que todavía tenían que llegar. Nosotras paseamos un rato por la plaza, y después decidimos irnos a cenar. Eran cerca de las diez: el metro de Sol estaba cerrado, las calles que salían de la plaza estaban acordonadas por la policía, y sólo nos dejaron cruzar el cordón de la calle Alcalá después de deshacernos de nuestra pancarta. Por un momento sentimos bastante confusión, pensábamos que no nos iban a dejar pasar, hasta que una señora nos animó a no llevar señales identificativas para evitar agresiones (algo que me pareció sacado de una película de ciencia ficción, pero que no nos quedó más remedio que acatar). Al otro lado del cordón policial, cientos de peregrinos ondeaban sus banderas y exhibían sus credenciales.

Con gran acierto, decidimos cenar en un restaurante del barrio de Chueca, que estaba bastante tranquilo en comparación con la marabunta que se vivía en otras calles del centro. La cena fue agradable y copiosa, gracias a lo cual sobrevivimos a la odisea de volver a casa. El metro de Gran Vía también estaba cerrado por cordones policiales y tuvimos que buscarnos un itinerario alternativo. Pero la aventura no terminó ahí, pues los túneles, andenes y vagones de metro estaban abarrotados de peregrinos que cantaban, saltaban y empujaban sin apenas miramientos. Gran parte del viaje de vuelta lo hicimos aplastadas contra la pared por una mochila del JMJ cuyo dueño no tenía la menor intención de controlar.

Esta fue nuestra experiencia en la manifestación: lo que vimos, oímos, sentimos y pensamos durante la tarde y la noche de ayer. Hoy, en los medios de comunicación, he visto muchas cosas más, interpretadas desde varios puntos de vista, como no podía ser de otra manera. Desde luego, no es la primera manifestación a la que asisto donde se producen altercados en los que nunca me veo involucrada; tampoco creo que sea la única persona que ha tenido esta experiencia: como yo, seguro que miles de personas asistieron ayer a una manifestación pacífica y libre, donde se criticó la injustificable ostentación de la Iglesia Católica en un momento de dura crisis económica y humanitaria en todo el mundo. Para mí, eso fue lo principal.

Encantada de defender, una vez más, mi libertad de conciencia y expresión.

jueves, 11 de agosto de 2011

¡Ya somos pareja de hecho!


Después de firmar la hipoteca y de empadronarnos como pareja, mi novia y yo hemos dado el paso de inscribirnos en el registro de parejas de hecho de nuestro municipio. Queríamos tener un papel oficial que nos vinculara como pareja, por si en algún momento necesitábamos demostrar que lo éramos. Aunque estar registradas como tal apenas nos otorga ningún derecho más allá del puramente nominal, tampoco queríamos casarnos; por lo que, después de pensarlo durante varios meses, nos decidimos por este trámite.

Así que un mañana nos acercamos al Ayuntamiento para pedir información. Y la información que nos dieron fue una solicitud para inscribirnos en el registro. Como no había mucha gente, nos pareció bien rellenarla allí mismo, y apenas habíamos empezado a buscar un boli, cuando ya nos tocaba acecarnos a la mesa. El funcionario que nos atendió fue muy amable (y del club, creemos) y esperó a que cumplimentásemos nuestros datos mientras nos hacía unas fotocopias del DNI ("Esto no lo hacemos normalmente, pero..."). Después de entregarlo, nos dijo que en tres o cuatro días nos llamarían para firmar en el registro.

Y así fue. Nos presentamos de nuevo en el Ayuntamiento el mismo día en que nos avisaron. Aunque en teoría no era más que un trámite, nos pusimos medio guapas, y yo he de reconocer que estaba hecha un flan. Hasta me llevé la cámara de fotos, que más tarde decidí no usar ante lo burocrático de la situación.

Entramos en una oficina llena de mesas vacías. Durante unos minutos, dudamos entre quedarnos en el quicio de la puerta eternamente o entrar y buscar señales de vida. Afortudamente, por la puerta de enfrente entró una funcionaria y nos decidimos a seguirla. Ella nos condujo hasta la única trabajadora activa del lugar (y no, no era la hora del café), la cual, tras unos momentos de angustia existencial mientras buscaba nuestro expediente entre varios montones de papeles, nos pidió que lo firmásemos, nos entregó una copia metida en una carpetilla de color amarillo y nos despidió amablemente.

Cuando salimos por la puerta, nos sentimos profundamente decepcionadas. ¿Eso había sido todo? Ni siquiera necesitamos testigos, con la de veces que habíamos pensado a quién se lo pediríamos. En cualquier caso, ya éramos pareja de hecho, y nos fuimos a celebrarlo.

Supongo que si una desea algo más de parafernalia, aunque sea poca, se casa. Y como, por suerte, en nuestro país existe (de momento) el matrimonio igualitario, inscribirse en un registro de parejas de hecho queda para quien no quiere más que lo que hicimos nosotras; es decir, rellenar un papel.

Pero para mí, rellenar ese papel es algo simbólico. Se luchó mucho para que esta clase de registros existiera, y para que las parejas del mismo sexo pudiéramos hacer uso de ellos. En muchos países, además, ese papel es la única manera de vincularse legalmente como pareja; tan simbólico es, de hecho, que en la mayoría de los lugares, incluido nuestro municipio, ni siquiera se llama registro de "parejas", sino que tiene cualquier otro nombre, generalmente vacío de significado y ridículo.

De todas formas, yo estoy muy contenta de haberme inscrito junto con mi novia; es algo que quise hacer desde que me creía hetero, y para mí es una forma más de demostrar nuestro amor y de nombrarnos como lo que somos: una pareja compuesta por dos mujeres.

Encantada.

martes, 2 de agosto de 2011

Los efectos secundarios de mis antidepresivos


Yo soy una de esas personas a las que les encanta leer los prospectos de los medicamentos. Bueno, en realidad no me encanta: de hecho, he llegado a sufrir alguna que otra crisis de ansiedad moderada (dejé de sentir el dedo pulgar de la mano derecha) leyendo uno de ellos. Pero, a pesar de esto, lo hago. Leo los prospectos de mis medicamentos… y los de los demás.

Teniendo en cuenta esta experiencia prospectomedicamentil, me siento legitimada para decir que el prospecto de mis antidepresivos es uno de los más divertidos que he leído. Aparte de poderte morir de cualquier cosa, como con el resto de medicamentos, mis antidepresivos provocan una serie inverosímil de efectos secundarios. Lo peor es que, leyendo el prospecto, me di cuenta de que los más penosos… me estaban ocurriendo a mí.

Por ejemplo, la equimosis. ¿Que qué es la equimosis? Pues es lo que popularmente se viene conociendo como que te salgan moratones con el roce de una pluma. Yo no sé si tengo una tendencia previa a ello o no; pero desde que tomo los antidepresivos, mis extremidades parecen las de un niño de cuatro años. Tengo moratones de todos los tamaños, formas y colores; producto de golpes que, en general, no recuerdo. Esta situación, unida al hecho de tener un gatito que me muerde y araña cada día, hace que parezca Miguel de la Quadra-Salcedo sin haber pisado la selva. Menos mal que en los últimos días he ligado un poco de moreno, gracias a lo cual he logrado que mi aspecto prácticamente raye con la dignidad.

Otro efecto secundario que padezco son los bostezos. Dicho así no resulta muy traumático; pero en realidad es uno de los más peligrosos, sobre todo para mi vida social. ¿Que tu amiga del alma te está contando su último agravio amoroso? Tú bostezando tres veces por minuto. ¿Que la madre de un alumno conflictivo se te pone a llorar en la entrevista? Tú aprovechando la lagrimilla que te sale mientras tratas desesperadamente de reprimir los bostezos. ¿Que tu novia está a punto de llegar al orgasmo? Tú escondiendo la cara en su cuello para que no te vea abrir la boca. ¡Menos mal que este efecto secundario se suaviza con el tiempo! De lo contrario, a estas alturas del tratamiento no me quedarían ni amigas, ni trabajo, ni novia.

Continuando con la galería de los horrores, confesaré que también sufro de bruxismo. Este nombre tan curioso responde a lo que se conoce como rechinar de dientes, un trastorno que el prospecto incluye dentro de los efectos secundarios gastrointestinales. Lo mejor del asunto es que a mí ya me ocurría esto en sueños, pues no sólo me rechinaban los dientes, sino que sufría algo así como espasmos en la mandíbula. Pero no entremos en detalles. Sólo quiero dejar por escrito mi amarga queja ante el dolor de mandíbula crónico que arrastro gracias a la conjunción del rechine nocturno y los bostezos diurnos. La potencia de mi músculo mandibular batiría todos los récords.

Para terminar, mencionaré el último efecto secundario que he descubierto: la hipotensión postural, que consiste en una bajada de tensión brusca cuando se cambia de postura. Lo descubrí casualmente releyendo el prospecto después de haber estado a punto de caerme redonda varias veces mientras limpiaba el polvo. Durante semanas barajé varias opciones (un tumor cerebral, la vejez prematura, una anorexia vegetariana típica, etc.), pero gracias al prospecto de mis amores, hoy estoy bastante segura de que algo tan patético tiene que ser, por fuerza, un efecto secundario.

Evidentemente, también me encuentro muchos otros efectos, en su mayoría letales, que probablemente son fruto de mi imaginación (o no). El único que no me encuentro por ningún lado es el priapismo, una verdadera lástima que rebaja inmensamente el nivel de truculencia de este post.

Quien no se consuela, es porque no lee prospectos.
Encantada.