viernes, 20 de febrero de 2009

(Re)encuentros

De un tiempo a esta parte, mi vida se ha llenado de (re)encuentros.

(Re)encuentros con personas que creía haber dejado por el camino, abandonadas a la idea de no ser abandonadas, apartadas por mi incapacidad de caminar a su lado, arrinconadas en un rincón donde llorarlas sin derramar una lágrima. Personas que hoy me brindan la oportunidad de retomar el camino apenas un poco más allá de donde lo dejamos, la oportunidad de probar la calidad de mis botas nuevas, de mis nuevos brazos, listos para acompañar, parece, para seguir empezando, para compartir, contar y caminar de la mano.

(Re)encuentros con sensaciones que hacía demasiado que no sentía, sensaciones que daba por no ocurridas, por ficticias, quizá imaginadas, producto de un momento de cuya existencia llegué a dudar; sensaciones que pensé no haber sentido y que hoy se me aparecen como reales, palpables, que se imponen a mi cuerpo de pura corporeidad, sin dejarle un resquicio a la duda.

(Re)encuentros con melodías, sabores y olores que una vez me hicieron vibrar, temblar, gozar y dar gracias, y que sin embargo llegué a considerar banales, superfluos, absolutamente prescindibles, sin darme cuenta que sin ellos mi vida se iba entristeciendo, vaciando, encogiendo. Melodías, sabores y olores que vuelven a mí, aparecidos de pronto en cualquier lugar, llegados incomprensiblemente de cualquier modo, a pesar de mi terquedad, de mi ironía, de la mirada descreída que en el fondo los estaba anhelando.

(Re)encuentros con ideas, motivaciones, ilusiones que deseché por ideales, emotivas, ilusas, y que de pronto se cuelan por cualquier ventana y repueblan mi realidad de belleza, plenitud, trascendencia, devolviéndome una imagen perdida, superior a aquella que me había acostumbrado a concebir.

Y así es como me he dado cuenta, paso a paso, día a día, caminando bajo un torrente que goteaba (re)encuentros, de que mi vida estaba siendo acaudillada por la mera supervivencia, por el derecho básico a una existencia básica, mínima, reducida, que había esclavizado mis mejores proyectos, mis emociones más profundas, los sentidos y el gozo de mi cuerpo, la posibilidad de trascenderme, de ilusionarme, de crear, compartir, estar con y ser yo al mismo tiempo.

Y nos hemos sublevado.

Encantada.

martes, 3 de febrero de 2009

Discriminación positiva

Una amiga mía lleva un tiempo planeando y poniendo en marcha un proyecto cultural dirigido a mujeres lesbianas, proyecto que la emociona y motiva profundamente, y en el que ha depositado muchísima ilusión. He de decir que mi amiga carga sobre sus hombros con un largo y difícil camino de lucha contra la homofobia interiorizada, y que este proyecto representa para ella un hito en relación a su salud, su desarrollo personal y su compromiso social. He de decir también que, junto a este proyecto, ha puesto en marcha otros parecidos cuyo objetivo es fomentar el conocimiento entre razas y culturas diferentes, y la participación y el desarrollo de personas con discapacidad intelectual.

Sin embargo, poco después de darlo a conocer, ha recibido ciertas críticas que le han resultado muy dolorosas, ya que ha sido acusada de plantear un proyecto discriminatorio al dirigirlo exclusivamente a mujeres lesbianas. Como colofón, parece ser que dichas críticas han surgido de una mujer que se identifica como miembro de nuestra comunidad.

Para mí, este contratiempo no es más que la piedra que nos encontramos en todo camino, con la que debemos contar incluso como aliciente para mejorar y crecer, nunca para desanimarnos o cuestionarnos lo obvio. Sin embargo, a raíz de ello me ha surgido la necesidad de repasar un concepto que, al parecer, debe resultar desconocido para ciertas personas: se trata de la discriminación positiva.

Según la Wikipedia, la discriminación positiva consiste en “establecer políticas que dan a un determinado grupo social, étnico, minoritario o que históricamente haya sufrido discriminación a causa de injusticias sociales, un trato preferencial en el acceso o distribución de ciertos recursos o servicios así como acceso a determinados bienes, con el objeto de mejorar la calidad de vida de grupos desfavorecidos, y compensarlos por los perjuicios o la discriminación de la que fueron víctimas en el pasado. Se pretende entonces aumentar la representación de éstos, a través de un tratamiento preferencial para los mismos y de mecanismos de selección expresa y positivamente encaminados a estos propósitos. Así, se produce una selección “sesgada” basada, precisamente, en los caracteres que motivan o, mejor, que tradicionalmente han motivado la discriminación. Es decir, que se utilizan instrumentos de discriminación inversa que se pretende operen como un mecanismo de compensación a favor de dichos grupos”.

Por tanto, un proyecto cultural dirigido exclusivamente a mujeres lesbianas no pretendería sino emplear los motivos por los que somos discriminadas de manera generalizada en la sociedad (ser mujeres homosexuales) de forma positiva y compensatoria de dicha discriminación. Las personas que no cumplan con la condición, entiendo, no deberían sentirse discriminadas porque, precisamente por tratarse de discriminación positiva, se presupone que encontrarán numerosos o, al menos, suficientes espacios a los que dirigirse, lo cual no ocurre con el colectivo al que se dirige el proyecto.

La verdad es que yo lo veo bien claro, y me parece que criticar por discriminatorias las acciones que pretenden una compensación solo evidencia la ceguera ignorante de quien critica. Por supuesto que la discriminación positiva resulta controvertida, pero las opiniones más inteligentes van por otros caminos, como el de plantearse si este tipo de acciones realmente pueden paliar la discriminación de los grupos a los que se dirigen o si por el contrario contribuyen de alguna manera a perpetuarla.

En cualquier caso, me parece que este caso es parecido al de las mujeres que defienden el patriarcado: el típico síndrome de Estocolmo por el cual las personas sometidas le dan gracias a quien las somete, o buscan su agrado, o participan de sus opiniones. Un caso triste e incomprensible, una trampa más del sistema.

Encantada de denunciarlo.