viernes, 21 de marzo de 2008

Santa Semana

Muchas de las costumbres y tradiciones españolas me ruborizan, me violentan y me provocan un rechazo profundo. No son todas, pero algunas, como las procesiones de Semana Santa, me renuevan estos sentimientos cada año. Lo peor es que encima andamos exportándolas por medio mundo.

Creo que respeto las creencias religiosas de cada cual, sobre todo cuando las personas que tienen estas creencias respetan las mías. También creo que entiendo la importancia que tienen los ritos para la vida en comunidad, como muchas personas que ni siquiera creen o ni siquiera practican se involucran en ellos con fervor, porque son propios de su pueblo, de su gente, de su infancia, de su familia. Celebran la comunidad y estrechan lazos con las personas a las que quieren de esta manera, lo cual me parece muy bien; al fin y al cabo, yo también tengo mis propios ritos.

Lo que no me convence es el regusto medieval, barroco, de la celebración de la muerte. No siempre me provocan rechazo las fiestas que tienen relación con la muerte; de hecho, me parece muy sano integrarla en nuestras vidas, a través de celebraciones o de lo que sea, aprender a convivir con ella, perderle el miedo, o incluso, en ciertas ocasiones, perderle el respeto, no olvidarla, en cualquier caso, saber que está ahí. Acordarnos de la muerte para dar sentido y valorar la vida.

Pero no creo que las procesiones de Semana Santa busquen la salud mental de nadie a través de ese digno propósito. Lo que yo creo que buscan es todo lo contrario: presentarnos la muerte de Cristo como un acto cruel, del que todos somos culpables, como un nuevo pecado original y no la salvación de todos los pecados, como un dolor que necesariamente debemos revivir en nuestros propios cuerpos para ser mínimamente merecedores de que ese señor nos brindara su asesinato.

Y no deja de resultarme curioso, teniendo en cuenta que, desde el punto de vista mítico, científico, literario, la muerte y resurrección de Cristo es una muestra más de los mitos, ritos y celebraciones propios de la manera en que las sociedades agrarias daban la bienvenida a la primavera. No en vano se celebra coincidiendo más o menos con el equinocio: Cristo es el árbol despojado de sus hojas cuyos brotes vuelven a surgir, la semilla que espera todo el invierno para germinar, Cristo son las flores, los animales que despiertan, el deshielo de las cumbres. Es el que murió y volvió a la vida para que se respetase el ciclo de muerte y resurrección; de hecho, Cristo, en ese único y concreto aspecto de biografía, es un representante mítico más de este acontecimiento natural.

Es por eso que tanto me molesta la manera en que se celebra, el punto en el que se incide. Porque creo que lo importante es que Cristo resucitó, o al menos creo que eso sería lo importante para mí si yo fuera creyente; así que no entiendo porque aprovechamos esta efeméride para asustar, meter miedo y sentir culpa en vez de celebrar la vida y la absolución.

Sin embargo, todo sería medianamente soportable si se quedara simplemente ahí. Lo que sí ya creo que está fuera de lugar, lo que nos devuelve a ese país oscuro y pintoresco que buscaban los turistas de los años 60, es el momento en que la gente decide emular el sufrimiento de Cristo y empieza a flagelarse, caminar descalza e incluso se llega a crucificar. Es curioso, porque en su intento de despreciar la carne, de lograr sublimar su espíritu a través del dolor, se acercan bastante a aquellos que dicen buscar el placer absoluto forzando su cuerpo hasta convertir ese mismo placer en algo que apenas se le parece.

¿Y por qué estas cosas me preocupan a mí, que no me involucro en ellas, que no tengo la necesidad de hacerlo, que puedo ignorarlas y de hecho las ignoro, que no me atañen, no me rozan, que permanecen fuera de mi vida siempre que no caiga en la tentación de poner el telediario? Pues porque a mí me importa que la gente sufra en vez de disfrutar de la vida, me duele que elijan el dolor en vez de la salud, mental o corporal, me molesta que existan creencias que empujen a las personas en contra de su instinto natural de supervivencia, me parece que la autolexión es siempre una cuestión de salud pública, y no unas veces sí y otras no.

Porque cuando elijo la felicidad, cuando defiendo la alegría, elijo y defiendo la felicidad y la alegría de todos y cada uno, no sólo de los que son como yo. A pesar de que muchas de esas personas que se flagelan, que lloran y se estremecen con las trompetas y los tambores, que deciden reeditar la barbarie romana de la crucifixión, desearían el mismo castigo que sufrió Cristo para mí.

Porque si Dios es amor no entiendo que nadie haga eso, y porque yo no creo en Dios pero creo en el amor, la compasión, la ternura, el perdón y la salud.

Encantada.

9 comentarios:

Fabio dijo...

deberamos intentar reflejar el renacer de todo lo bueno.
Comparto absolutamente al 100% todo lo reflejado en tu post: EXCELENTE!!!
seguire volviendo
saludos
faBio

Peter Mc Cut dijo...

hola, yo tambien coincido con lo que escribes. Ademas esas capuchas me recuerdan mas al Ku Klux Klan que a otra cosa.
Enhorabuena por tu blog y tus opiniones, un saludo

marga dijo...

por suerte para mí cristo no existe y la espiritualidad pasa por otro lado
no conozco gente más mala que los católicos practicantes, con eso te digo todo
por suerte sigue habiendo gente buena en el mundo y que de verdad se dedica a "hacer el bien"
a esa gente, mis respetos
lo demás es basura
perdón por los exabruptos pero es que este tema me saca de las casillas
bss

Perséfone dijo...

A mi lo que más me llama la atención de nuestro país es que nos vemos en el derecho de criticar a otras culturas y religiones cuando en realidad las nuestras no andan tan lejanas.

Deberían hacer un oficio de la hipocresía en nuestra España del alma...

Como bien dijo algún hombre sabio, somos expertos en "ver la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio".

Y si, curiosamente a mi también me recuerdan al Ku klux klan :S

Polly Harvey dijo...

Que buen post! Yo pienso lo mismo, la semana santa remueve muchas cosas en mí. No entiendo porque seguir atados a esos sentimientos bajos, culpables, gore.

Necesitamos pensar más en el amor, en la dicha, en la gratitud sin sacrificios. Necesitamos amor.

Un saludo!

Cicutarsenica dijo...

La apología de la culpa y el sufrimiento tiene como objetivo impresionar y manipular a la gente desde lo emocional. Así se obtiene poder sobre ellos. No es otro el propósito de todas y cada una de las religiones (al menos las monoteístas que son las que conozco mas). El amor a ninguna le importa ¿como podrían estar de parte de algo que conduce a la libertad?. Los que quieran expresar realmente su espiritualidad que se cuiden de pertenecer a ninguna religión.

Christian dijo...

Que buen texto! Es admirable tu forma de escribir. Todos tus posts tienen una redacción impecable.
Coincido plenamente con lo que decís.

Un abrazo

Christian

encantada dijo...

100% Ku klux klan :P

¡Gracias por compartir vuestras opiniones (y por los halagos)!

Belén dijo...

Buenas :)

Yo soy (entre otras muchas cosas) cristiana, y desde este punto de vista, entiendo que lo que se celebra en Pascua no es la muerte, sino todo lo contrario: se celebra el amor, y la vida, y el sacrificio.

Se celebra el amor inmensurable de Cristo, que se sacrificó por nosotros hasta el punto de dar su propia vida para salvarnos del pecado, de bajar hasta el infierno por nosotros. Se celebra su resurrección, su vuelta a la vida, su victoria sobre la muerte, que es al fin y al cabo, la victoria del ser humano (del Hijo del Hombre) sobre todos nuestros miedos: la oscuridad, la muerte, el dolor...

Se honra el sacrificio de Cristo con tristeza y solemnidad (y algunas personas deciden honrarlo con su sufrimiento). Se honra su victoria, su vida y su mensaje (id y haced de este mundo un mundo de amor) con alegría y compromiso.

No pretendo convertir a nadie, pero no puedo evitar la tristeza que me provocan todos los mitos que rodean mi fe. La fe cristiana es muy simple (ama a Dios; ama a tu prójimo; construye aquí el mundo de Dios, teniendo en cuenta que Dios es amor) pero vivirla con compromiso, ay, eso es lo complicado. Y muchas veces son los que se dicen cristianos los que deciden centrar su fe (y, por asociación, la de todos los demás) en disquisiciones absurdas sobre si había o no mula y buey en el pesebre, o si los homosexuales somos menos hijos de Dios que el resto.

Solamente las humildes reflexiones que me provoca leer tus posts. No estoy de acuerdo con todo lo que dices, ni mucho menos, pero tus reflexiones me parecen muy valiosas.

Te saluda alguien que también está encantada de leerte. Cordialmente,
Belén

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