lunes, 23 de mayo de 2011

Una represión invisible


"Si las mujeres no fueron encarceladas durante el franquismo es, simplemente, porque no eran los poderes públicos los encargados de velar por la moralidad de las mujeres. [...] Las mujeres dependían de sus padres, de sus hermanos, de sus maridos, y la represión que el círculo familiar ejercía sobre la vida y la sexualidad de estas se circunscribía al ámbito privado, aunque no por esto era menos terrible".
Beatriz Gimeno, en su Introducción a Primeras caricias.

Desde que hace algunos días leí este fragmento, no paro de darle vueltas. Cuanto más pienso sobre él, más me remueve por dentro, pretendiendo explicar un aspecto doloroso de mi vida que me siento incapaz de transmitir con mis propias palabras. Tras numerosas lecturas, no obstante, me atrevo a concluir que la clave está en el término "represión".

Represión. ¿Qué nos viene a la cabeza cuando escuchamos esta palabra? A mí me vienen a la mente las imágenes terroríficas de las personas secuestradas, torturadas y ajusticiadas impunemente por las dictaduras contemporáneas. Veo fotografías en blanco y negro, hombres vestidos de pana con gafas de pasta, mujeres con falda y pelo largo, militares con unas enormes botas de cuero a quienes resulta difícil distinguirles la cara.

La definición de la palabra en el diccionario está conmigo: "Acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales".

Desde el poder. ¿Quién ejerce el poder sobre las mujeres? ¿Quién detiene, contiene o castiga con violencia? De pronto descubro, atónita, que los poderes públicos no tienen a las mujeres entre sus objetivos represores porque no es necesario. Porque los círculos familiares, formados por hombres pero también, y sobre todo, por otras mujeres, se encargan de hacer el trabajo sucio.

Tanto tiempo preparándome para luchar contra unos poderes etéreos, para descubrir que el verdadero represor tiene un cuerpo conocido, lleva mis apellidos, y dice, como los otros, como los que no muestran su rostro, que todo lo que hace lo hace por mi bien.

Yo he sufrido y sufro represión. Una represión minuciosamente orquestada, devastadora y constante. Una tortura que horada mi cuerpo y mi alma a través de esa pequeña gota de agua que cae siempre en el mismo punto, volviéndome loca, agujereando las defensas que velaban por mis aspectos más preciosos, las mismas que debieron resultar infranqueables.

Yo he sufrido y sufro represión, pero nunca emplearía esa palabra para nombrarla, porque no se ajusta a mis imágenes mentales. No he sentido botas de cuero sobre mi pecho, no he salido en ninguna fotografía, pero he sido secuestrada en mi propio cuerpo, torturada con miradas, gestos, acciones y palabras, parcialmente ajusticiada a través de una depresión que, día a día, durante años, se ha enseñoreado de mi alma.

No puedo quejarme a ningún gobierno, no recibiré ningún tipo de compensación. Lucharé, asumiré y superaré esta represión (la otra, la nuestra) desde el agujero negro del anonimato personal y social donde muchas acabamos sumidas, incapaces de mostrar una realidad que resulta invisible para los objetivos de lo relevante, de lo histórica y socialmente representativo.

Y sin embargo, el poder reprime las acciones que son consideradas políticas o sociales. ¿Reivindicar nuestra autonomía personal es una acción política? ¿La intimidad de nuestros dormitorios es un hecho social? ¿Reprimirían los círculos familiares con igual fuerza lo exclusivamente individual o personal...?

Empiezo a comprender.
Encantada.

6 comentarios:

Dot dijo...

qué cierto y qué duro... yo que tambien he sufrido represión (en forma de un padre autoritario y bruto y en forma de una sociedad castrant con las mujeres) identifico ahora muy facilmente la "represión" de la invisibilidady de los armarios enlos que nos quieren encerrar

¡al aire! ¡a las plazas!

SimpleDay dijo...

Bastante cierto,
De algún modo muchas vivimos represión: por sociedades machistas, por alguna RELIGIÓN, por padres o madres machistas y a veces, nosotras, bajo esa normalidad... sin querer y pretendiendo "evitar daños mayores" somos nuestras peores represoras.
Levantémosnos en contra... luchemos contra ellos y sus ideas... que a veces, tristemente, también son nuestras.

Anónimo dijo...

Yo también sufro esa represión aunque es de una forma más sutil. Pienso que ahora no es que haya mucha más tolerancia sino que ha cambiado de forma y esa represión se hace más sutilmente, de manera que si ellos se encuentran en una situación comprometida, tengan las espaldas bien guardadas. Es decir, de cara a la galería muchísimo más abiertos y tolerantes pero en el fondo...no hay tanto cambio. Hablo desde mi experiencia personal y la de mi entorno.

Un saludo

cereza dijo...

Recuerdo aquello de "más vale morir de pie que vivir de rodillas" y sueño con poder vivir de pie algun día, de verdad.
Me ha impactado el texto de Beatriz Preciado, y tu comentario, mucho.

ISA dijo...

No soy feminista activa pero, como persona, casi siempre me he sentido reprimida: en la niñez por mis padres, en mi matrimonio por mi ex, y también por los amigos/as de mi ex.
¿que da la casualidad de que soy mujer?, pues si, pero creo, aparte de tiempos de antaño en la que la mujer estaba bien atada por los hombres de la famiia, casi todo el mundo tiende a estar por encima de los que le rodean.

Incluso como madres y con el corazón en la mano ¿no los hemos reprimido alguna vez?

Caminos del Espejo dijo...

La represión es un arma que a menudo camina pasando desapercibido por entre las ideas, actitudes, conductas y expectativas...
Y está bien meditar acerca de ello, pero el siguiente paso es actuar en consecuencia y disfrutar de tu libertad, porque ahora eres Tú quién decide, habla, siente, actúa, opina, y ni tus padres, ni la sociedad en la que estás insertada tienen poder sobre tí, a no ser que seas tú la que se lo otorgues.
¡Ánimo, guapa! Un beso enorme

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