lunes, 20 de agosto de 2007

El derecho a la estupidez

Hace unos meses que el Gobierno de mi país aprobó una Ley para promover la igualdad real entre mujeres y hombres. Uno de los puntos más visibles, y por lo tanto, más polémicos de esta Ley es la obligatoriedad de presentar listas paritarias en las elecciones, de modo que ningún partido puede concurrir a unas sin presentar al menos un 40% de mujeres como candidatas.

Desde entonces, pero también desde antes, he tenido que escuchar sartas interminables de gilipolleces sobre el tema; pero lo más doloroso, nuevamente, es ver cómo las mujeres somos verdaderos ases en el arte de convertirnos en voceras de la misoginia más rancia.

En un arrebato de orgullo misógino, muchas mujeres han explicado que ellas no quieren acceder a puestos relevantes si no es por sus propios méritos, y que tampoco quieren ser dirigidas necesariamente por una mujer si hay un hombre que podría hacerlo mejor. Una vez más, estos comentarios aluden a la justicia poética de una situación ideal; pero, ¿cuál es nuestra situación real?

En el día a día de la mayor parte de la Humanidad (seamos positivas y no digamos “de toda”), cualquiera de nuestros sistemas de organización social favorece y ha favorecido durante milenios el acceso de los hombres más memos a los cargos más determinantes. ¿Quieren ejemplos? Miren sin más a su alrededor y empiecen a anotar sólo los casos más cercanos: la lista es interminable.

Sin embargo, cuando una mujer quiere acceder al poder, se la mira con lupa. ¿Realmente es válida para el puesto? ¿Por qué poner a una mujer a dirigir nada si existe, en el lugar más recóndito del Universo, un hombre que podría hacerlo mejor? Y ¡ay de ella si mete la pata! Nadie la juzgará por ser mala directoria, catedrática, ministra o diplomática; la juzgarán por ser mujer. Coros enteros de plañideras se lamentarán por haber dejado un cargo tan importante en manos de una ¿inepta? ¿estúpida? ¿poco cualificada? No. Simplemente, de una mujer.

Eso sí, cuando los millones de hombres que dirigen y han dirigido nuestras vidas meten la pata; cuando sus fallos garrafales dan al traste con buenas ideas, queman hectáreas irrecuperables de selva, acaban con la esperanza de varias generaciones, destrozan iniciativas, hacen perder dinero a borbotones, contribuyen al caos de cualquier organización, y por supuesto, matan a cientos, miles y millones de personas; ¿quién se lamenta de que el mundo no esté dirigido por una mujer?

Creo que uno de los caminos por los que las mujeres debemos transitar para lograr la igualdad real es aquel que nos conduce a reclamar nuestra cuota de estupidez. Yo quiero ser estúpida y dirigir una país; quiero ser fea y que me digan que tengo encanto; quiero ser huraña y que me veneren como a un genio; quiero destrozar la vida de millones de personas y que todo el mundo entienda que me enfrentaba a una difícil situación. Yo quiero que me acusen con el dedo por haber maltratado a mi pareja, quiero que revisen mi actuación histórica y que se den cuenta que fui la responsable de muchos de los males que acaecieron a mi país, quiero que me encierren y me ejecuten por representar un claro peligro para mi sociedad. Quiero que me pase todo eso y que nadie, en ningún momento, recuerde como hecho diferencial que soy una mujer.

Estamos tan anestesiadas, que las cagadas de los hombres nos parecen tan sólo una cagada más.
Estamos tan anestesiadas, que no nos damos cuenta del valor diferencial que se le otorga a la cagada de una mujer.
.
La estupidez humana no tiene límites; la de la mujer, sí.

Encantada de reivindicar mis cagadas como un acto de igualdad.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas! Encantada de que existan personas con una cabeza tan bien amueblada como la tuya, y de respirar por fin aliviada al saberlo.

1 saludo. Amanda

mariasimona dijo...

Tu post me pesca impregnada de misoginia pura, de meta-misoginia si eso es posible. Me siento como la primera vez que vi el letrero: PROHIBIDO PROHIBIR, quede catatonica, no entendi y sigo sin entender. Pero mas alla de mi estupidez personal tu articulo me lleva a ubicar mi propia "misoginia internalizada". Si me subo a un avion prefiero saber que estoy en manos de un piloto hombre que de una piloto mujer, si me subo a la silla del dentista, igual, y ni hablar de la camilla del ginecologo. La poca confianza que pueda tenerle a la humanidad esta mas del lado de los hombres que de las mujeres, pucha, eso que dice de mi!!!! De la confianza que me tengo... ya ves, ya ven y ya veo.

Pues nada seguire navegando por este divan virtual de los blogs, y haciendo mis exorsismos personales a nombre de mi pseudonimo.

feliz dia

marga dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, (y en desacuerdo con mariasimona). Excelente post, sin desperdicio.

salu2

encantada dijo...

Muchas gracias a las tres por vuestros comentarios, yo también estoy encantada de que compartamos estos pensamientos.

No te preocupes, mariasimona, por suerte la misoginia es una enfermedad que tiene cura. Y todas estamos ahí, más o menos adelantadas, en el camino.

¡Saludos!

SheAndShe dijo...

Estupendo post, realmente solo hemos de fijarnos en todo lo que nos rodea para percatarnos del sexismo implícito en comentarios, medios de comunicación, materia de enseñanza etc.
Ultimamente no salgo de mi asombro al escuchar una y mil veces que el hecho de que los niños y niñas de nuestra sociedad sean cada vez más maleducados o caigan en una pasividad extrema ante todo sea fruto de que la mujer ahora trabaja fuera de casa y los hijos e hijas están peor atendidos que hace años (cuando la mujer no era más que la triste sombra en la cocina).
¿Sabes? cuando estudiaba para ser docente tuve una profesora que impartía la asignatura de "Desarrollo afectivo" (creo que se llamaba así) y que aseguraba que no comprendía cómo una mujer podía querer ser piloto, o médico, o juez, o arreglar simplemente una boombilla cuando hacer un plato de comida y acostar a los niños era mucho más agradable...Entre muchas otras estupideces, lo que más me asusta es que estaba formando a futuros docentes.
Es cierto lo que dices, el sexismo es tal que incluso cuando un hombre es feo llegan a buscarle el encanto personal, cuando es simple como un cubo llegan a afirmar que es tan buena persona que no alcanza a comprender muchas cosas, cuando se trata de un hombre repleto de ira se asegura que el pobre no pudo controlar su instinto masculino, cuando muestra prepotencia y falta de educación valoran que al menos fue un genio...Y así podría seguir horas. En cambio si una mujer hace todo esto es más que recriminada y rechazada socialmente.
Todo perdonado para ellos, todo juzgado para nosotras.
Solo tienes que ver los libros de texto: en Literatura solo se enseñan a los grandes poetas masculinos, en Historia sólo los hombres hicieron glorias, en la Ciencia solo ellos descubrieron la verdad, en Filosofía solo los hombres pensaron y reflexionaron...Y es que todo está narrado por hombres (machistas además) por lo que se valora únicamente al hombre maravilloso que compuso, que escribió, que ideó, que pensó, que inventó, que curó...
Un saludo y enhorabuena por tu blog

encantada dijo...

Muchas gracias por tu comentario, ¡impecable! Estoy completamente de acuerdo, y lo de tu profesora... ¡en fin! Ese tipo de situaciones (¡diarias!) me sacan de quicio.

¡Saludos!

Niha dijo...

... La verdad es que a mí no me gustan las cuotas, aunque reconozco que no partimos de una situación ideal. En lo que sí que estoy completamente de acuerdo es en reclamar el derecho a la estupidez. O más bien que la estupidez sea para quien la trabaje; que el error sea de la persona, y no del género.

encantada dijo...

Efectivamente, que el error sea de la persona, o de un momento concreto en la vida de una persona, pero que no salpique a toda la "clase" de personas que supuestamente son como ella.

Excelente apreciación.

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