sábado, 4 de octubre de 2008

Intuiciones sobre la choza

A veces pienso que estamos tan acostumbradas a vivir en un mundo de hombres que hemos perdido la capacidad de imaginar un mundo de mujeres, o un mundo igualitario, o que incluso ya no podemos discernir la mera experiencia femenina en el mundo tal y como es.

Por lo menos a mí es eso lo que me pasa con algunos temas. Uno de ellos tiene que ver, nuevamente, con la menstruación: en numerosas sociedades de todo el mundo, es común la costumbre de apartar a las mujeres que están con la regla del resto de la tribu, confinándolas en las llamadas “chozas menstruales”.

Los antropólogos no se ponen de acuerdo con este tema. Algunos, hombres y mujeres, piensan que esta costumbre constituye una muestra más de la subordinación de la mujer, de la misoginia más profunda e infantil que considera que la sangre menstrual prueba la impureza femenina y que es peligrosa para los hombres. Otros, también hombres y mujeres, piensan que es un ritual que permite a las mujeres descansar del trabajo durante esos días, y que para ellas resulta un periodo placentero de recogimiento interior y libertad:

Las mujeres de la Antigüedad y las modernas aborígenes solían crear un lugar sagrado para esta clase de comunión y búsqueda. Dicen que, tradicionalmente, se establecía durante el período menstrual de las mujeres, pues en estos días una mujer vive mucho más cerca de su propio conocimiento que de costumbre. Los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones que normalmente están bloqueados penetran en la conciencia sin ninguna dificultad. Si una mujer se adentra en la soledad en este período, tiene más material que examinar.

No obstante, en mis intercambios con las mujeres de las tribus de Norte, Centro y Sudamérica, así como con las de algunas tribus eslavas, descubro que los “lugares femeninos” se utilizaban en cualquier momento y no sólo durante la menstruación.

Siempre me río cuando alguien menciona a los primeros antropólogos, según los cuales en muchas tribus las mujeres que menstruaban se consideraban “impuras” y eran obligadas a alejarse del poblado hasta que “terminaban”. Todas las mujeres saben que, aunque hubiera un forzoso exilio ritual de este tipo, cada una de ellas sin excepción, al llegar este momento, abandonaba la aldea con la cabeza tristemente inclinada, por lo menos hasta que se perdía de vista, y después rompía repentinamente a bailar y se pasaba el resto del camino muerta de risa.


Clarissa Pinkola Estés.

Y la verdad, yo no consigo formarme una opinión sobre el tema. Por un lado, creo que considerar inútil a la mujer o apartarla durante su menstruación constituye una generalización indebida, ya que, a pesar de que muchas mujeres puedan sentirse absolutamente indispuestas durante algunos días o en algunas ocasiones, esto no les ocurre a todas ni en todo momento, y además, se puede paliar. El hecho de que nos hayan impedido acceder a puestos de responsabilidad o incluso realizar el más sencillo de los trabajos remunerados utilizando como excusa la menstruación me parece, aparte de un argumento débil y cutre, profundamente injusto, absurdo y demás.

Pero, por otro lado, creo que hay cierta verdad en lo que algunos antropólogos piensan cuando consideran que este aislamiento es un ritual de purificación muy positivo para la mujer. Y es que las mujeres soportamos una carga biológica gratuita que la sociedad debería recompensarnos de alguna manera. No considerándonos impedidas, sólo faltaría, sino honrándonos por algo que, aunque nos ocurre sin más, es la base del mantenimiento de la vida. Si se honrase la vida como algo maravilloso que no llevamos a cabo sino que ocurre, se honraría a las mujeres de la misma manera.

Sin embargo, yo creo que en nuestra sociedad estamos en las antípodas de ese pensamiento. A las mujeres se nos enseña, desde pequeñas, bien a considerarnos inferiores por estar indispuestas unos días al mes, bien a hacer como que esos días no existen ni importan a base de pastillas, tampones y un esfuerzo superior al que se le pide a cualquier hombre en una situación similar.

Y no, no me parece que este tema sea un tema menor. De hecho, considero que está en la base del respeto a las mujeres según lo que realmente significa ser mujer, acerca de lo cual no tengo apenas ideas pero sí algunas intuiciones, como la necesidad de conocer, aceptar y respetar la menstruación, sin despreciar a la mujer pero tampoco violentarla en lo que para nuestro cuerpo resulta natural.

Personalmente, no me importaría tener una chocita de esas para arrebujarme de vez en cuando. Y mucho menos si tenemos en cuenta su condición de lugar exclusivo para mujeres...

Encantada.

7 comentarios:

Cris dijo...

Si seria genial tener de esas chocitas para descanzar durante esos dias, que aparte de a veces resultan dolorosos, son dias donde una anda mas sensible no? que rico, serian una espece de spa?? Saludos!

marga dijo...

quizás el origen antropológico de ese aislamiento fuera el hecho de impedir que tuvieran relaciones sexuales con hombres en ese período, ya que la susceptibilidad a las infecciones del tracto genital aumentan durante el mismo (anexitis, pelviperitonitis)

Ave dijo...

Muy interesante tu post. Afortunadamente, yo creo que hay más opciones que las del rancio positivismo de los primeros etnólogos del XVIII-XIX y el multiculturalismo del "todo vale" negador de los valores universales de justicia y dignidad que tan de moda parece estar. Tocas muchos aspectos interesantes (la sumisión aparente a las normas para después negarlo bailando, por ejemplo, o la utilización del espacio privado como espacio ¿subversivo? propio). Creo que ese (auto)reconocimiento/homenaje que propones al final nos da la clave: la autoafirmación. La misma cantidad de estereotipos absurdos rodeaban los escritos sobre el harén en las sociedades islámicas; afortunadamente, ya contamos con visiones y estudios históricos que han desmontado el mito orientalista.

Any dijo...

Está demostrado (aunque no científicamente) que si hay cinco mujeres en una casa y a una le baja la regla, acabarán todas igual. ¿Qué sucede? Que es cierto que durante esos días somos más susceptibles (tenía una amiga que respondía lanzando libros a quien se plantase ante ella, mi nariz lo sabe bien...). Quizás apartar a las mujeres que tenían la regla no era tanto para los hombres sino para las mujeres. ¿Quién lo sabe?

Pero lo cierto es que esos días existen, que hay mujeres que no soportan el dolor y que necesitan medicamentos. Quizás es un punto de debilidad. Bueno, cada quien puede pensar lo que quiera. Las mujeres hemos demostrado con creces nuestra fortaleza y no creo que unos días al mes nos hagan quedar de menos ante los hombres.


Un saludo.

encantada dijo...

Efectivamente, la realidad femenina es tan compleja y se ha estudiado tan desde la ceguera que aún tenemos que replantearlos temas que deberían ser obvios, como si una costumbre concreta denigra a la mujer o la honra.

¡Spa gratuito para todas YA!

Joy dijo...

Tu post me ha hecho volver a reflexionar un poco más sobre la utilización del hecho de la menstruación como excusa a la que recurre el machismo, o como (una más) de las cosas por las que se menosprecia a las mujeres (los tópicos sobre "esos días", relacionados con los antiguos conceptos de "histeria").

A día de hoy no te hacen irte a un retiro, pero tenemos a la ginecología y a la psiquiatría categorizando patológicamente cualquier variación de comportamiento que puedan atribuir a las hormonas, como el síndrome premenstrual por ejemplo.

Por no mencionar que es un símbolo, una cuantificación del tiempo en que se valora a una mujer como recurso, como productora de hij@s. Muchas mujeres sienten las fechas de su llegada y sobretodo la menopausia, como momentos clave de sus vidas, momentos que ante los demás también marcan una forma de ver y categorizar a la mujer en un antes y un después.

Por cierto, me resulta muy curioso que sea en los anuncios de compresas precisamente donde más se presenta una visión del universo "femenino" como algo estúpido y lleno de superficialidad...

Enhorabuena por escribir un blog tan interesante, de los que dan qué pensar.

encantada dijo...

Muchas gracias por tu comentario, yo también pienso que la menstruación es un tema clave para reflexionar sobre la situación de la mujer, sobre todo porque no se trata demasiado, se hace como si no existiera, como si no tuviera interés o fuera algo desagradable, y sin embargo, ofrece una imagen muy clara de cosas muy importantes para nosotras (y para cualquier interesado en la manera en que se trata a la mujer).

¡Seguiré sacando el tema! :)

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