lunes, 24 de agosto de 2009

Por la ventana

La otra noche tuve un sueño.

Soñé que estaba en la habitación de un hotel, o más bien una residencia, una casa de huéspedes. La habitación era cuadrada, antigua, de techos altos y paredes cubiertas de un papel marrón con dibujos geométricos de color naranja. No había ningún mueble, tan solo un colchón en el suelo. Estaba limpia y bien cuidada; era, simplemente, “de época”.

En la habitación había una ventana. No era una ventana de las que llegan a media altura, sino que partía del suelo y llegaba casi hasta el techo. Más que una ventana, por tanto, parecía una puerta. Era de madera oscura y tenía contraventanas; como nota curiosa, creo recordar que las ventanas se abrían hacia fuera y las contraventanas hacia dentro.

En la calle llovía torrencialmente, hacía viento y era de noche. Las ventanas se abrían de golpe una y otra vez, y yo intentaba cerrarlas. Por más que me aseguraba de haber colocado bien todos los cierres, al poco rato la ventana se volvía a abrir. A mí me daba mucho miedo acercarme a ella, porque daba directamente a la fachada del edificio y no se veía la calle. Sentía un vértigo muy profundo cada vez que me acercaba a la ventana y tenía miedo de escurrirme con el agua de la lluvia y precipitarme hacia el vacío, así que a veces intentaba cerrar la ventana tumbada en el suelo, con los pies suficientemente lejos de ella como para no poderme escurrir.

De pronto, una de las veces que tuve que volver a cerrar la ventana, me di cuenta de que ya no daba directamente a la fachada del edificio, sino que había “crecido” una terraza alrededor. Eso me hacía sentir un poco menos de miedo, pero aun así, prefería no salir a la terraza porque no tenía barandilla. Sin embargo, la siguiente vez que me volví a acercar a cerrar la ventana, había crecido también una barandilla. No obstante, apenas me atreví a poner un pie en la terraza, porque la barandilla sólo tenía barrotes a los lados, y en frente de la ventana se abría un agujero que volvía a hacerme sentir en peligro.

El tiempo pasaba y, una de las veces que volví a cerrar la ventana, me di cuenta de que era de día. Y de que la terraza ya no era la terraza, sino un pequeño porche. Pero al final del porche seguía habiendo un precipicio. Y yo me asusté mucho cuando descubrí que mi hermano estaba justamente allí. No era como es ahora, que hace tres de mí y me saca una cabeza, sino que era mi hermano como suele serlo en los sueños, mi hermano pequeño, una cabeza más bajito que yo y el cuerpo de un adolescente. “¡No sigas caminando!”, le gritaba yo. “¡No vayas hacia allí! ¡Hay un precipicio!”, le insistía desde el quicio de la ventana, asustada de ir un paso más allá. “¡Ven aquí! ¡Ven! ¡Volveré a cerrar la ventana!”, le decía.

Entonces mi hermano se dio la vuelta, me miró y me dijo: “¿Qué precipicio?”. “¿Como que qué precipicio?”, le espeté yo. “¡El precipicio!”. Pero mi hermano insistía en que no había ningún precipicio, y seguía caminando hacia él. Así que yo me armé de valor y atravesé la ventana, llegando hasta donde él estaba. “No sigas caminando, es muy peligroso”, le dije cuando estuve a su lado. Pero mi hermano volvió a mirarme con cara de incrédulo. “¿Peligroso? ¿El qué?”. Entonces miré hacia el precipicio, y me di cuenta de que no había ninguno. Sólo un recoveco de tierra y una especie de tejado. La tierra formaba un muro, de manera que era imposible caerse, porque no iba a ningún lado. Mi hermano siguió trasteando tan tranquilo, y yo empecé a pensar que me estaba volviendo loca, que veía peligros donde no los había.

Así que, por primera vez, me atreví a mirar alrededor, y me di cuenta que, donde antes estuvo el vacío, la lluvia y la negrura, ahora había un pueblo y un camino asfaltado. Y mis padres estaban esperándome allí, de la mano, como si hubiésemos quedado para dar un paseo.

Y me desperté sobresaltada, dando por finalizado el sueño.

Está claro, ¿no?

Encantada.

8 comentarios:

Ave dijo...

Como el agua :-)

Pero es que tú no sueñas con Lars, lo cual te convierte en una persona completamente cuerda.

Anedum dijo...

Ave, ¿quién es Lars?

Ave dijo...

Ay es verdad. Pues podría ser Lars el de "Lars y una chica de verdad", pero no. Es Lars... von Trier.

Anedum dijo...

¡Buffffff! Hay dos pelis de Lars von Trier que me impresionaron especialmente por lo duras y casi insoportables (a nivel emocional) que se me hicieron. Una es "Rompiendo las olas" y otra es "Bailando en la oscuridad". En esta última tuve que pasar una escena especialmente cruda y eso jamás me ha ocurrido con ninguna película. La única peli de este director que he podido ver más de una vez ha sido Dogville. Pero bueno, no creo que soñar con Lars te convierta en una persona no cuerda. De hecho creo que es inevitable soñar con él después de ver alguna de sus pelis (aunque mi sueño sería, sin duda, una pesadilla angustiosísima)

Verónica (peke) dijo...

Me enterado alto y claro... me ha gustado mucho...

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con una taza de cafe, si gustas...

encantada dijo...

Lars no, por favor, es un sádico...

Aunque últimamente mis sueños tampoco se quedan cortos :S

Dafne dijo...

Sí, está claro, incluso para quién no sepa quien es Lars ni haya visto película alguna.

Si me permites la opinión, es un sueño con múltiples significados, aunque todos vifurquen para encontrarse en un mismo mar: una plenitud de aceptación ante las adversidades que solo tu hermano en edad adolescente, más inocente en cuanto a porcentaje de experiencia que diablo, puede aportarte tendiéndote la mano, ese vínculo entre tu identidad y la de los tuyos, aproximándote a la calidez que deseas al final del abismo. Tus padres sonrientes, esperándote para un sereno y agradable paseo.

"¿Qué peligro?"

Es un sueño preciosamente idílico, nacido de las penumbras y las tormentas, que es ahí donde se forjan las verdaderas historias de renacentismo y amor, con un final feliz donde los haya.

La cuestión es: ¿es premonitorio o una mera )y fantástica) reproducción subconciente de lo que deseas?

:)

encantada dijo...

Yo creo que es un aviso para darme cuenta de que lo que realmente está ocurriendo va dejando de ser una tormenta para convertirse en un plácido paseo... pero yo me empeño en protegerme y cerrar la ventana.

Mi inconsciente suele actuar así, tirándome de las orejas :D

Por cierto, muchas gracias por tu interpretación.

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