jueves, 17 de mayo de 2007

Brunilda

Había una reina que vivía allende los mares. No se sabía que en parte alguna otra pudiera igualarla. Era de hermosura sin límites y su fuerza muy grande; la medía arrojando la lanza en pugna con los caballeros que la pretendían. Lanzaba una piedra y detrás saltaba ella. Quien aspiraba a su amor había de ganar, sin fallo, tres pruebas a la linajuda señora. Si fracasaba en una, perdía la cabeza. Combates así la doncella los había librado innumerables.
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Así se presenta la figura de Brunilda el Cantar de los Nibelungos, obra épica germana del siglo XIII. Brunilda es una legendaria reina islandesa, señora de Isenstein. Su obstinación en permancer soltera y la permanente humillación a la que sometía a los héroes que osaban medirse con ella constituyen, sin duda, una grave afrenta al patriarcado:
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Habló entonces el valeroso Dankwart, hermano de Hagen: "En el fondo del alma me arrepiento de este viaje de corte a corte. Siempre nos habían llamado héroes hasta hoy, pero, ¿qué clase de mísera muerte nos aguarda si ahora en estas tierras nos van a quitar la vida las mujeres?"
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Pero no es precisamente por erigirse como un presunto ejemplo de feminista medieval por lo que el patriarcado permite a Brunilda aparecer en su épica, sino porque a través de ella va a advertirles a todas las mujeres que pretendan seguir sus pasos sobre su irremediable final. Si Brunilda, la mujer más poderosa, es sometida, ¿qué podemos hacer las demás? Y en esta lucha, como en otras, no hay espacio para el fair-play: Brunilda no es dominada por un hombre en condición de igualdad, ya que ninguno podía comparársele; para vencerla, los flamantes héroes germanos acuden a la magia y al engaño. El orgullo de Brunilda no es legítimo; su sometimiento mediante ardides, sí:
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"Albricias por la noticia", exclamó Sigfrido, el paladín, "de que vuestra altanería ha quedado doblegada. Hay, pues, alguien que pueda dominaros".
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Sin embargo, la humillación en la batalla nunca es suficiente cuando se trata de una mujer: hay que recordarle que no pertenece simplemente a un clase inferior, sino que esta clase inferior es de carácter sexual. Y así es como asistimos a una segunda resistencia por parte de Brunilda:
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Brunilda no quiso durante el viaje rendir su amor a su señor: sus goces nupciales quedaron aplazados hasta haber llegado a la morada de Gunter.
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En este terreno, como en el anterior, Brunilda sigue siendo claramente superior, y la humillación del patriarcado vuelve a tener lugar:
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Ahora pretendió él conseguir su amor por la fuerza. Y desarregló las ropas de ella. Echó entonces mano de un cinturón la magnífica reina. Era una fuerte banada de orifrés que ceñía su talle. Luego sometió ella al rey a terribles sufrimientos. Lo ató de pies y manos y entonces se lo llevó para dejarlo colgado de un clavo fijo en la pared. Como él le había estorbado en su sueño, ella le prohibía ahora su amor. Ciertamente la fuerza de la reina casi le hizo a Gunter perder la vida. "Ay de mí", pensó el caballero, "si voy ahora a perder la vida a manos de una moza, en adelante todas las mujeres van a mostrar su arrogancia a sus maridos, cosa que, si no, no harían nunca".
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En esta acción paralela, se vuelve a echar mano de engaños mágicos para vencer a Brunilda, de manera que, nuevamente, el fin justifica los medios:
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Después de aquel momento quedaron pálidas sus mejillas. ¡Ay, cómo el amor le hizo perder su gran fortaleza! Ahora ella no era más fuerte que cualquier otra mujer. Aunque ella hubiera querido oponer otra vez resistencia, ¿de qué le habría valido? Esto es lo que había conseguido Gunter al consumar su amor.
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Una vez más, el coito heterosexual es utilizado para humillar y restar fuerza, dignidad y autonomía a la mujer. De este modo, el esquema de acción que acabó con la fuerza, la autonomía y la dignidad de Brunilda acaba en la actualidad con la fuerza, la autonomía y la dignidad de millones de mujeres.
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Reivindicando nuestro pasado construimos nuestro presente.
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Y yo encantada de colaborar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Te felicito por el comentario, peroi..no es también una víctima del engaño y del ardid de gabrielle y en definitiva de todos? no muere sigfrido practicamente por amor a Brunilda..su muerte no es resultado de su pasión y de su amor? No será que lo que el autor que después wagner transforma en la tetracomedia "el anillo de los nibelungos" nos quiere transmitir es la pureza del amor entre un hombre y una mujer que por mas fuertes (los dos) que sean fueron víctimas de engaños...pero aún así el amor se fue con ellos a la eternidad?... No seas tan feminista que culpa de ello y del machismo cada vez hay mas trolos y lesbianas (aunque no tengo nada contra ellos...porque su amor es en definitiva amor y punto.)

Anónimo dijo...

tenés razón pero dejemos de echarle la culpa a los hombres de nuestras debilidades...somos pasionales y también los hombres lo son..conozco muchos que han sufrido engaños y ardides originados en los celos de mujeres.
de todos modos...está bien logrado el razonamiento...interesante.

encantada dijo...

No creo que se pueda ser "tan feminista"; o se es o no se es, y yo lo soy. Lo cual no tiene nada que ver con ser lesbiana ni aumenta el número de lesbianas en el mundo (¡más quisiéramos!).

Por cierto que versiones del mito hay muchas, a cada cual más adulterada. En las primeras versiones, Sigfrido y Brunilda no tienen nada que ver. De hecho, son mitos prácticamente independientes. No hay tanto amor como crees, por tanto.

Mujeres malas y hombres malos siempre hay, pero creo que eso no tiene nada que ver con lo que yo he escrito.

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