domingo, 10 de junio de 2007

Domingo

Como bien decía hoy un artículo del periódico, las tardes del domingo son quizás las peores tardes de la semana, ya que en ellas sufrimos un concentrado síndrome post-vacacional ante la llegada del lunes.

En este artículo, una escritora hablaba de los domingos de los escritores, ansiosos ante la perspectiva de no tener nada que leer.
Aquí, una mujer lesbiana hablará de los domingos de las mujeres lesbianas (siempre que estas compartan su caso, claro está).

Y es que yo creo que este síndrome dominical es más agudo cuanto más separadas están tu vida del fin de semana y tu vida entre semana. En mi caso, ambas están a una distancia pequeña físicamente e insalvable en la práctica: la distancia que ocupa la puerta del armario.

Para mí, las tardes del domingo están llenas de ansiedad, la ansiedad de recordar que mañana, lunes, en cuanto llegue a mi trabajo, me convertiré en sólo la mitad de mí. Seré mi parte responsable, asertiva, organizada, con zapatos y sin vida personal. Daré a entender que para mí sólo existe el trabajo, participaré sólo en las conversaciones que versen sobre el trabajo, y si me salgo de esta ruta preestablecida, me arrepentiré durante semanas:

- Pues yo estoy pensando en independizarme.
- ¿Ah sí? ¿Y cómo te vas a pagar el piso si no tienes novio?

Atrás dejaré a la otra mitad, mi mitad comprometida, sociable, comunicativa, bloggera, que viste con zapatillas de deporte y que está ilusionada con su proyecto de vida personal. Atrás quedarán las salidas nocturnas, los besos apasionados, las cenas románticas, los pisos en venta, las hipotecas, los problemas con los padres, los desahogos con las amigas, los escritos y las lecturas en Internet. El fin de semana nunca habrá tenido lugar.

Y mientras tanto, día a día, semana tras semana, domingo tras domingo, trato de avanzar en esta difícil conciliación de la vida personal y laboral, tan difícil para nosotras, mujeres, lesbianas.

Encantada, no obstante, de estar en marcha.

2 comentarios:

Melómana dijo...

Cómo siento sentirme tan identificada con lo que cuentas. Yo también tengo dos mitades separadas por 4,5 días. Hoy por hoy no es fácil salir del armario en el trabajo, yo espero que poco a poco deje de parecer algo "raro" y se enfoque todo con naturalidad.
Me ha encantado tu post

encantada dijo...

Muchas gracias por tu comentario, aunque yo también siento que te sientas identificada.

Y sí, ojalá todo esto vaya siendo cada día más natural, es decir, que se vaya comprendiendo como realmente es. Mientras tanto, yo me conformaría con que se tuviera la sensibilidad de pensar que si no hablamos de nuestra vida personal es porque no nos sentimos cómodas o sencillamente no podemos, no porque no la tengamos. Para mí, el colmo de las humillaciones es que encima se crean que "de verdad" sólo me interesa el trabajo.

En fin... ¡mucho ánimo!

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