domingo, 16 de septiembre de 2007

Caótico falo

Este fin de semana fui con mi novia al cine para ver Caótica Ana, la última película de Julio Médem, y todo lo que puedo decir a su favor es que espero ansiosamente que Julio se reencarne en una mujer para que pueda regalar al mundo películas fantásticas y no fantasías peliculeras como la que mi novia y yo nos obligamos a ver.

Para todo lo que puedo decir en contra, ahí va esta entrada.

La primera idea que me vino a la cabeza, no sé si durante o después de ver la película, fue que Caótica Ana es a Julio Médem lo que El código da Vinci a Dan Brown. Puede sonar cruel, pero lo realmente cruel vendrá en unas líneas, así que tengamos paciencia. Para mí, la historia que hay detrás de El código da Vinci (una historia que lo antecede y lo sucederá, la leyenda del Grial con todas sus derivaciones) es tan rematadamente buena que hasta las pezuñas de Dan Brown son capaces de hacer de ella un best seller, incluso de poner en bandeja el embrión de una película llamada a convertirse en un clásico (friki, pero clásico). En el caso de Caótica Ana, ocurre lo mismo: el inconsciente colectivo femenino es una realidad de tal fuerza, llamada a cumplir un papel tan relevante en la vida individual y colectiva de todas y cada una de las mujeres, es la fuente inagotable de tal riqueza cultural, literaria, onírica, psicológica y social, que ni el encefalograma falocéntrico de Julio Médem puede impedirle que emita las vibraciones arrolladoras que es capaz de emitir.

Como decía mi novia, entre la frustración y el asombro, “el caso es que la película transmite algo”. Lo que transmite, o más bien, lo que muy a su pesar deja traslucir, es la energía infinita de una realidad femenina universal.

Otra de las imágenes que aparecieron en mi mente, esta sí, a mitad de la película, fue la de un jovencito Médem dando saltos para alcanzar la tarta de frambuesa que su mamá había dejado a salvo en una repisa demasiado alta para él. Creo que la doctora Pinkola Estés, gran gurú del inconsciente colectivo femenino, sonreiría conmigo y le daría unas palmaditas maternales a Julio para indicarle que, pese al intento loable, “otra vez será”. Y es que, lejos de acercarse un mínimo al universo femenino, o siquiera a un personaje femenino concreto, se pasea por una serie de símbolos sagrados cual elefante en una cacharrería, para presentarnos la figura de una mujer plana y vacía como sujeto, medio y objeto de los demás.

Si lo que quería era mostrar en vivo el arquetipo de la mujer salvaje, eligió a la actriz correcta, pero equivocó de cabo a rabo el guión. Podría enumerar una a una las faltas de decoro que comete, pero me conformaré con otra comparación. Y es que en esa primera cena en la cueva, junto a su padre y a la mujer que será su mecenas, Ana comienza a reírse súbitamente de tal manera que, lejos de evocar (¿sabrá Médem lo que significa ese verbo?) la inocencia primigenia, la frescura de la mismísima madre naturaleza, la espontaneidad de la juventud, te produce un escalofrío de terror por todo el cuerpo similar al que producía el niño-robot de Inteligencia Artificial. Lo curioso es que el primer director de I.A. pretendía crear el efecto que consigue, pero, ¿acaso Médem lo pretendía también?

Ninguna de mis quejas mantendría su vigencia si Médem se dignase a ser honesto y reconociera que en sus películas no trata sino de ahondar en el universo masculino, o incluso en el suyo propio. Porque sí, los hombres tienen sus propias obsesiones, sus propios arquetipos, sus anhelos, sus contradicciones, sus choques violentos contra la realidad. Y explorarlos, representarlos, cuestionarlos, podría resultar una labor masculina más que encomiable, enriquecedora para hombres y mujeres por igual.

Pero no, mucho mejor apuntarse al carro de decir lo femenino, no con el afán disciplinario tradicional, sino con el mucho más moderno de explorar ese “continente desconocido” al que, sin embargo y todavía, se le mantiene sin voz. La atmósfera sofocante que emana la película, con la presencia constante del falo, del incesto, de la violencia ejercida sobre la mujer, no forma parte del inconsciente femenino, sino del masculino. Son ellos los que se obsesionan con el mismo acecho que cometen; nosotras, mal que mal, aprendemos a convivir con ello, y cuando lo conseguimos, dirigimos nuestra mirada más allá.

Creo que pocas mujeres se representarían a sí mismas como “madre de todos los hombres buenos”, creo que la mayoría consideraría valiosa una hazaña propia y no perpetrada a través de “todo un ejército de niños”, creo que las mujeres, día a día, realizan actos de revolución colectiva en el seno de sus comunidades, buscando el bien común a través del propio, no individualizando una acción hasta el punto de realizar en la intimidad de un dormitorio la venganza que cientos de mujeres reclaman a la protagonista desde el fondo de la Historia.

Los únicos personajes evocadores de la película son hombres; las mujeres no tienen ni fondo ni forma: son figuras de cartón.

Pero es que ni tan siquiera el hecho de inventarse el universo femenino o el caso concreto de una mujer me parecería despreciable si se hiciese bien. La última comparación que vino a mi mente mientras paseaba con mi novia tiene que ver con una directora maravillosa: Isabel Coixet. En La vida secreta de las palabras, una película que me impactó vivamente y que aún me pone los pelos como escarpias cada vez que la recuerdo, Isabel Coixet se inventa varios papeles masculinos, especialmente el del protagonista. Nadie se cree que un hombre tan rudo que trabaja en una plataforma petrolífera y que tiene las manos como sartenes sea capaz de tanta ternura, tanta empatía, tanta comprensión, tanto tacto, tanto amor. La mayoría de los hombres (rudos o no) no son así; los protagonistas de Isabel Coixet salen de la mente de Isabel Coixet, pero representan una oportunidad de crecimiento y de revolución interior para los hombres que ya quisieran muchos cursos de desarrollo personal. Si los hombres fueran como los imagina Isabel Coixet, otro gallo nos cantaría, a ellos y a nosotras.

Sin embargo, ¿qué nos ofrecen las protagonistas de Julio Médem a las mujeres? ¿Volver a centrar nuestra vida en la maternidad, volver a creer que nuestra fuerza interior sale a través de la entrepierna, que todo nuestro potencial es de carácter sexual, que conseguiremos grandes cosas enseñando las tetas?

En fin. No necesitábamos décadas de Feminismo para eso.

Los únicos motivos por los que recomendaría la película son los siguientes:

- La protagonista es hermosa a pesar de que el guión la haga parecer una autómata, y verla durante casi dos horas en la pantalla constituye un verdadero placer. ¡Una directora para Manuela Vellés ya!

- La coprotagonista de la historia es Bebe, otro fenómeno de la naturaleza que, incluso soltando bazofia por sus labios, resulta digno de ver.

- Si se ve la película, se puede despotricar de Julio Médem mucho mejor. Irresistible, ¿verdad?

Para terminar, sólo puedo decir que no soy ninguna experta en cine, pero sí en literatura, hermenéutica simbólica, psicología junguiana, y para colmo, soy mujer. Así que lo siento, Julio, pero a mí no me la das.

Encantada de dejarlo claro entre los dos.

6 comentarios:

Anedum dijo...

¡Toma ya! Tu crítica ha superado todas mis espectativas. No pensaba que serías tan brutal, ja, ja, ja. Pero me alegro de que lo hayas sido, porque realmente Julio se lo merece. ¡Buf! Cada vez que pienso en la peli me entra el desasosiego. Besos.

Anónimo dijo...

Yo todavía no la he visto, pero la verdad me ha encantado absolutamente todo lo que has dicho. Estoy taaan cansada de ver intentos como este de acercarse a la realidad de una mujer, que siempre acaban digamos falocratizándo toda la visión, ya sea en el cine o en la literatura, lo que hace valer a esos personajes termina siendo siempre el poner el sexo al servicio de otros o como medio para alcanzar las metas, y el ser apreciadas por su belleza-bondad, por encima de todo lo demás. No hace mucho leía que cuando una pareja de éxito de hombre y mujer, acuden a un acto se alaba de él su trayectoria, sus capacidades, su genialidad, pero al hablar de la mujer, lo hacen acerca de su vestuario, en fin...no falla.
Felicidades por haber descrito algo así, que siga la crítica!, que no tenemos que callarnos.
Amanda

Anónimo dijo...

Críticas y cosas de la peli en:

http://lacaoticaana.blogspot.com/

Ro73 dijo...

Interesante tu crìtica, me dieron ganas de ver la peli, verè dònde la consigo.
Tambièn me gusta tu blog, voy a pasar màs segido.
Saludos
Ro.

SheAndShe dijo...

No he podido ir a ver la película, pero con todo lo que dices me siento claramente identificada en el sentido de que he visionado miles de obras cinematográficas en las que sucedía lo mismo. Un director (casi siempre es hombre) quiere retratar o protagonizar su película con una mujer, pero dichas personajes suelen terminar girando en torno al hombre, al amor o desamor o celos que le despierta, a la curiosidad, al desasosiego que la figura masculina les produce.
Se añaden siempre otras magnánimas preocupaciones en estas personajes: la maternidad.
Tienes toda la razón en la crítica que has realizado que bien puede extenderse a múltiples obras de similares defectos.
Recuerdo que hace muy poco, en la Facultad (soy profesora) en una asignatura llamada Psicología de la Afectividad, la docente afirmaba que lo que dijo Freud (hace muuuuchos años ya de Freud por dios) era cierto y que durante la infancia la niña ve que los niños tienen pene y sufren un complejo enorme que la acompañaría toda suvida por no tener el genital masculino, y que esto la llevaría a sentirse siempre incompleta y a realizar "tareas de hombres" como cambiar una bombilla o arreglar un coche, pues en el fondo su máxima obsesión será sentirse inferior a un chico!!, añadía la querida docente que una mujer soltera sin la figura de un hombre sería siempre observada por sus hijos/as como una mujer frustrada, incapaz, débil...
Si, eso mismo se dice en la carrera que forma a futuros/as docentes...
Para empezar Freud se centró en la sexualidad y desarrollo masculinos, obviando a la niañ y a la mujer, y lo poco que dijo sobre nosotras es sexista, incierto y discriminatorio. Pertenece a otro siglo y nadie lo supera...
Por eso quedan resquicios permanentemente en el cine, literatura, etc, porque aún se piensa que una mujer crea en su mente obsesiones entorno al falo como bien dices, y entorno a la maternidad. Cumpliendo así la eterna imagen sexista de la mujer, aunque Medem lo dibuje y trace con matices modernos y progres.
Un saludo!!!

encantada dijo...

Gracias a todas por vuestros comentarios, han sido muy enriquecedores.

De todas formas, esta es sólo mi opinión de la película y tiene sentido sobre todo en el contexto de mi blog: por eso encontrarme con un link que me enlaza desde una página sobre cine me provoca cierto desasosiego... :-S

¿Brutal yo? ¡Brutal Medem!

Me alegro de que seamos muchas las que estamos hartas de que nos representen mentes ajenas que siempre destacan lo mismo de la mujer. A mí también me parece algo viejo, casi tanto como Freud (¡que más que oler, hace mucho que apesta!), y sin embargo... ¡erre que erre!

Lo peor es que yo creo que algunos ni se dan cuenta. De verdad que considero a Julio Medem un tío que para nada pretende dar una imagen estereotipada de la mujer y que seguramente deseaba hacer un homenaje a todas las mujeres, y en especial a su hermana y a su hija (a las que les dedica la película). Pero... ¡en serio! ¡alguien debería decirle que ha sido un intento (otro más) totalmente fallido!

En fin, ¿qué podemos hacer ante todo esto? Yo creo que, aunque de forma modesta, hay que seguir denunciándolo. ¡A ver si les entra en la cabeza de una vez, a hombres y mujeres por igual!

pd: Flipo con l@s profes. Muuuy triste :-(

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