jueves, 20 de septiembre de 2007

Regalar flores

Una de las cosas que más me gusta de ser lesbiana es poder regalarle flores a mi pareja. No es que piense que a los hombres no se les pueden regalar, al contrario: es que ya lo intenté cuando salía con hombres y la respuesta fue nefasta. Para ellos, la simple idea de que una mujer les regalara flores constituía una afrenta y una intromisión de lo más deshonroso en su papel de machos. Aún así, conservo la esperanza de que existan algunos a los que se les puedan regalar, por el bien de las mujeres heterosexuales que se los encuentren; personalmente, sin embargo, ha dejado de importarme porque, para mi delicia, ahora salgo con una mujer.

Como la originalidad me persigue, pero yo corro más rápido, las flores que más me gusta regalar son las rosas. Y a poder ser, rojas, por supuesto. A mi favor diré que este raro conservadurismo se termina aquí, ya que más que regalar rosas, a mí lo que me gusta es hacer cosas con ellas. Por eso, me resultan tediosos los momentos previos a llevarme la rosa de la tienda, con toda esa parafernalia que le ponen y que después acabará en la primera papelera que me encuentre. Y es que, para a mí, lo más valioso de las rosas son sus pétalos, que deshojo con sumo cuidado y placer para usarlos como complemento de algún regalo ingenioso.

Para una mujer, además, el simple hecho de comprar rosas rojas puede llegar a convertirse en una aventura en sí misma. Quizá sea sólo mi imaginación, pero me da en la nariz que la mayor parte de las personas que compran estas flores no son precisamente mujeres. La última vez que compré una rosa roja, la floristera me preguntó qué pegatina quería que le pusiera: “¿Espero que te guste? ¿Con cariño? ¿Felicidades? ¿Te quiero?”. Yo, distraída e impaciente a un tiempo, dije sin pensar: “Te quiero”, y la señora me plantificó una pegatina en la que un corazón macho hacía feliz a un corazón hembra. La rabia fue tal que casi la arranco con la boca nada más verla, pero como tenía prisa, pagué y me fui.

El momento de salir a la calle también es una odisea. Supongo que la mayoría de la gente que me ve me toma por feminista, o por encargada de un regalo ajeno, o por la hija perfecta, o por la nuera abnegada, o qué sé yo. El caso es que mi intuición me indica que ninguna de las personas con las que me cruzo acertará a comprender que regalo flores porque soy lesbiana, o tal vez sea yo, que no quiero que nadie descubra que paseo embobada con una rosa entre los brazos porque tengo una novia a la que agasajar.

De lo que me veo obligada a advertir es del peligro que una corre si se pone a deshojar una rosa en plena calle. Una vez se me ocurrió hacerlo en una céntrica plaza de Madrid, y creo que acaparé más miradas que si me hubiese paseado desnuda. Lo cual me desagradó porque, para mí, deshojar una rosa y preparar mi regalo es un momento íntimo y personal, que tuve que llevar a cabo en la calle porque llegaba tarde a mi cita y no había encontrado ninguna floristería por el camino.

En cualquier caso, y a pesar de mis arrebatos feministas, he de reconocer que me causa mucho más placer regalarle flores a una mujer que a un hombre. Sé que no es más que un topicazo, pero el rocío deslizándose hacia el interior de sus pétalos, el temblor delicado sobre el tallo firme, la suavidad del roce y su perfume exquisito… pues sí, me recuerdan a una mujer. Creo que las flores y las mujeres nos llevamos bien, aunque sólo sea a fuerza de convivir durante siglos.

Cuando mi novia abre su regalo y sus mejillas terminan del color de los pétalos… ¡ay! Entonces me enamoro mucho más de ella y me siento llena de satisfacción. Comprar la rosa, pasearme con ella, deshojarla y preparar mi regalo ven multiplicado el placer que en sí mismos me causan porque han contribuido a que la haga feliz.

Encantada de tener una mujer a la regalarle miles de flores.

9 comentarios:

marga dijo...

Yo también si tuviera que elegir, elegiría rosas rojas... pero no tengo ni idea de lo que es regalar flores, menos comprarlas. La que sí debe saber es mi pareja... que cada tanto y sin ningún motivo especial, se me aparece con un ramo... ¿cómo habrán sido sus experiencias? es raro, nunca lo hablamos... ahora voy y le pregunto
salu2

Christian dijo...

Que lindo lo que escribiste! la verdad es que tenés una prosa envidiable...

A mí una vez me mandaron un arreglo floral gigante! un chico con el que teníamos un amor virtual a la distancia. En la tarjeta decía: "Como no puedo estar ahí, me hago presente hecho flores" (era el día de mi cumpleaños)... Se me llenaron los ojos de lágrimas (creo que a mi papá también... jajaja)... Fue hermoso el gesto, recibirlas, me encantó!
También tenía una amiga torta que le gustaba regalarme flores cada tanto... yo feliz!!
Yo he regalado flores también, pero poco, muy poco... a algunas amigas más que nada o a mi vieja...

Si tengo que elegir compro rosas blancas (será que me siento pura??? jaja)

Besos queer!

Chris

mariasimona dijo...

Me encanta recibir flores, no soy muy buena para regalarlas, voy ya mismo a comprarme unas fresias.

Feliz día

Verónik@ dijo...

A mí, más que recibir, me gusta regalarlas. Y me gusta que no haya expectativa, que sean una sorpresa. Marga me preguntó si había tenido alguna experiencia rara con las flores y lo único que recuerdo es el día del cumpleaños de mi madre, cuando me parecía que todo el barrio - al verme pasar con las rosas - decía por lo bajo "ahí va la torta con flores para la madre" pero nada más.

Besos!

Ro73 dijo...

Me encanta regagalar flores! Cada tanto le compro a mi pareja, pero creo que las compro màs por mi porque a Pitu no le interesan mucho.
Tambièn le regalo a mi familia y a mi suegra,jajaja, me acuerdo del primer cumple de mi pareja, (que vivìa todavìa con su madre), al que yo iba y era la ùnica invitada, je. Me abre la puerta mi suegra y me ve a mì con un ramo de jazmines y le digo "Felíz cumpleños" y se lo entrego y ella me dice, "pero yo no cumplo hoy" y le contesto "No, pero si no fuera por usted K no estarìa aquì hoy"
Creo que con eso la conquiste para siempre.

Pao dijo...

Hola,
¡Qué lindo tema!
Recuerdo que mi madre solía regalarme un gran ramos de flores cada cumpleaños desde los veintipico hasta que decidí pedirle que ya no lo hiciera, porque tenía a otra mujer de quien si deseaba recibir flores en ocasiones especiales.
La gota que colmó el vaso fue una ocasión en la cual mi madre y Andrea, mi pareja, me regalaron el mismo día y sin saberlo, las dos un ramo de fresias cada una.
Oh sorpresa!
Muchas flores amarillas en nuestra casa, pero yo miraba de reojo las de mi madre y con amor las de mi amor. No podía evitarlo...
Fue una situación tensa, pero fue la última vez en que mi madre eligió ese regalo, ya que le expliqué lo rara que me hacía sentir su gesto y por suerte pudo entenderlo.
Cada tanto, por otro lado, he eligido un ramo de flores y pasado a buscar a mi mujer por su trabajo, sorprendiéndola y disfrutando de su sonrisa al verme entrar al negocio con el ramo.
Me da placer elegir las flores para ella.
Y también se que a ella le gusta mi gesto.
Muy lindo blog.
Saludos.

encantada dijo...

¡Millones de gracias por vuestros comentarios, es genial poder compartir todas estas experiencias!

Después de escribir el post, lo comenté con mi novia, y ella me dijo que, seguramente, cuando una mujer pasea con un ramo de flores por la calle, todo el mundo piensa que se lo han regalado a ella, no que sea ella quien pretende regalarlo.

La verdad es que... ¡nunca lo había pensado! Y todo por mi miedo a que "se me note" que soy lesbiana y que tengo novia... ¡en fin!

Qué grandes anécdotas... :-P

Anónimo dijo...

Lindo
si yo te hubiera ( yo lesbiana) visto con unas Rosas en mano saliendo de una florería, lo primero que pensaría esque vas a darselas a tu novia, luego agitaría la cabeza y me diría no te proyectes, seguro son por un favor o algo.

Tatiana dijo...

Duramos casi un mes hablándonos por Facebook. Por una u otra razón yo terminé el contacto con ella hace solo 5 días pero no me la he podido sacar de la cabeza estoy absolutamente obsesionada. Entre nuestra conversación me dio la dirección de su trabajo y lo que pienso es enviarle una rosa mañana a su trabajo. Sé que le va a encantar aunque no sé si sea para que se restablezca la comunicación no sé si me perdonará haberla sacado de mi vida de un momento a otro :(

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